El pasado miércoles 6 de Noviembre, tuvo lugar en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de Madrid una jornada sobre el papel de las energías renovables en el acceso universal a la energía.
En un contexto mundial en el que según la ONU actualmente 1.300 millones de personas carecen de acceso a la electricidad, y alrededor de 2.600 millones necesitan métodos tradicionales de biomasa (que perjudican seriamente la salud) para cocinar y calentarse, se trata de aportar una solución al problema mediante el uso de energías renovables.
Los avances en el desarrollo de herramientas de medición y gestión de impacto social, y el impulso de los organismos internacionales junto con el mayor interés de las empresas, empiezan a hacer factible la resolución de éste problema.
Según los datos, el 20% de la población mundial vive en pobreza energética extrema, y otro 20 % tiene acceso precario a la energía, y las limitaciones que ello implica para el desarrollo de actividades productivas.
El horizonte 2050, el acceso universal implicará llevar la energía a 9.000 millones de personas, por ello el papel de las energías renovables será crítico para conseguir ese desarrollo sin perjudicar gravemente el nivel de emisiones de CO2 y los objetivos de lucha contra el cambio climático.
La electrificación fuera de red se ha tendido a considerar desde una óptica de filantropía o acción social, pero las empresas están empezando a explorar las posibilidades de innovación y acceso a nuevos mercados asociadas a estos proyectos.
Formalmente la energía no es un derecho humano reconocido, como el derecho al agua (el cual fue reconocido en 2002).
La energía fotovoltaica es la que tiene mayor difusión en el presente, con cerca de cinco millones de sistemas domiciliarios instalados, principalmente en Asia, seguida de América Latina y África.
Las cocinas tradicionales a partir de biomasa, por problemas de mala ventilación, se estima que causan 1,5 millones de muertes prematuras al año.
Programas como “luz en casa” en Perú, en el que varios miles de viviendas aisladas han sido equipadas con paneles fotovoltaicos o una iniciativa de electrificación comunitaria y domiciliaria en Guatemala demuestran como la implementación de estas formas de energía son posibles.
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